Yo quiero ser el changoleón

Publicado: 9 marzo, 2006 en Es mi vida

Después de mantenerme más de un mes prácticamente inactivo de mis obligaciones debido a un genio de los mil demonios me puse a pensar que, en ocasiones, dan ganas de “tirar la toalla” y dejar que la vida siga su curso cargándonos sobre sus espaldas, conchudamente acomodados y sin tener ninguna responsabilidad u obligación.

El embotamiento personal es un estado de neurosis provocado por el estrés, las presiones laborales, los sinsabores personales y demás cositas que esta vida agridulce nos depara cada día. Justo en estos días de atrofia mental vi por televisión al singular personaje conocido como el Changoleón.

Por supuesto que ya conocía al Monkeylion por sus innumerables presentaciones televisivas haciendo lo que a cualquiera de nosotros le gustaría: cobrar por nada. La leyenda urbana cuenta que el Changoleón es un prominente hombre venido a menos, un psicólogo caído en la desgracia pero, lo que resulta verdaderamente grotescamente morboso es ver como se ha convertido en un mini icono de la jodidez nacional, cuya explotación vía TV convirtió su desgracia en factor de entretenimiento popular y referencia obligada cuando de poner apodos se trata. Ahora todos son changoleones .

Entonces, me dije a mí mismo “yo también quiero ser el Changoleón”. Vivir prodigado a la hueva y a los vicios, cerrando los ojos a la miseria del mundo porque con la propia me basta, ganar dinero por ser tal y como me gusta, salir en la tele albureando a quien se deje y acompañado por la nalgona de ocasión. Olvidar neurosis colectivas por vía de un alipús de baja estofa y tomarme fotos con las sabrosas güeritas que pasean por el centro de Coyakitsch al grito de “ahí está el Changoleón” , como si de un Luis Miguel de los lumpen se tratara.

En este último mes de estreñimiento mental he dejado crecer mi barba y dejado de despuntar mi cabello; de por sí, siempre largo. Las borracheras no se han hecho esperar y trato de superarme a mí mismo bajo el lema de “sólo por hoy… beberé una más”. Es difícil dejar de asearse porque en el trabajo pondrían el grito en el cielo y aun no me encuentro en la etapa de “me vale que me corran” porque el alcohol lo sigo pagando de mi bolsa. Ya llegará el día en que llegue gratis con tan sólo estirar la mano y será entonces cuando mi rostro tal vez aparezca en camisetas de NA Co. Con el lema “Que se mueran los guapos” y de ahí a la fama instantánea vía de un show televisivo sólo hay un paso.

…y después, tal vez alguien escriba sobre “El hijo del Changoleón”


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